Cristianismo Anglicano

por el ARZOBISPO CARLOS TOUCHÉ

La catedral de Washington en los EU, muestra la costumbre anglicana de dedicar a Nuestra Señora una capilla o un altar en cada iglesia. Buckingham, en Inglaterra, es el principal centro de peregrinación y devoción mariana en el anglicanismo. En este santuario, damos cumplimiento a las palabras proféticas de la Virgen María, “Desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones.” El culto anglicano es litúrgico, tradicional y sacramental. La Santa Eucaristía, el bendito sacramento del cuerpo y la sangre de Cristo es nuestro acto principal de adoración y se celebra todos los domingos y diariamente cuando es posible. El Oficio Divino, especialmente matines y vísperas, se canta diariamente en las catedrales y en muchas iglesias parroquiales. El canto congregacional es también una parte muy importante de nuestra vida litúrgica. También hay lugar para formas nuevas y espontáneas de adoración, y un espíritu de libertad que permite la creatividad y la experimentación litúrgica. Conciente de que la división de la iglesia es una ofensa al amor de Cristo y un escándalo para el mundo, la comunión anglicana participa activamente en el movimiento ecuménico. En 1888, aprobado todos los obispos anglicanos del mundo, se establecen los requisitos que consideramos indispensables para la unidad cristiana, estos son: la aceptación de las Sagradas Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento como la Palabra Revelada de Dios que contiene todas las cosas necesarias para la salvación; la aceptación del Credo de los Apóstoles como símbolo bautismal, y del Credo Miceno como declaración suficiente de la fe cristiana; la aceptación del bautismo y la Eucaristía como sacramentos instituidos por Cristo y el uso de las palabras y los elementos ordenados por Él; la aceptación del Episcopado histórico, es decir del ministerio de obispos, presbíteros y diáconos en sucesión apostólica. La comunión anglicana es miembro fundador y activo del Consejo Mundial de Iglesias, organismo que combina el esfuerzo ecuménico de anglicanos, ortodoxos, deuterocatólicos y protestantes. Las relaciones con la Iglesia Católica Romana fueron casi nulas durante cuatro siglos, especialmente a partir de 1896, cuando el Papa León XIII declaró invalidas las órdenes sagradas contraídas con el rito anglicano. El clima comenzó a cambiar cuando en 1960, Jeffery Fisher se entrevistó en Roma con Juan XXIII. Este fue el primer encuentro entre un Arzobispo de Canterbury y un Papa desde el Siglo XVI. El Concilio Vaticano Segundo estableció una nueva actitud ecuménica en la iglesia de Roma y reconoció el lugar especial que la comunión anglicana ocupa en la cristiandad de occidente. El Arzobispo Miguel Ramsey y el Papa Pablo VI, se entrevistaron oficialmente en 1966 y firmaron un compromiso de unidad entre ambas iglesias. Como resultado de ese encuentro, se fundó el Centro Anglicano de Roma y se estableció una comisión de diálogo teológico, que ha logrado acuerdos doctrinales sobre la Eucaristía, el Ministerio, la Autoridad y la Salvación. El Papa Juan Pablo II visitó Inglaterra en 1982, y se entrevistó en Canterbury con el Arzobispo Roberto Buns. En su homilía, el Papa enfatizó la unidad bautismal que vincula indisolublemente a todos los cristianos. Oraron juntos por la unidad, y solicitaron el celoso trabajo y la ferviente oración de los católicos romanos y de los anglicanos de todo el mundo, exhortándolos a crecer en la comprensión mutua, el amor fraterno, y el testimonio común del Evangelio. El cristianismo llegó a Inglaterra desde el Oriente, y siempre hemos tenido excelentes relaciones con la Iglesia Ortodoxa. La comunión anglicana está organizada en una forma muy semejante a la ortodoxa, y nuestra liturgia contiene más elementos bizantinos que la de cualquier otra iglesia occidental. El patriarcado ecuménico de Constantinopla, reconoció oficialmente la validez de las órdenes sagradas anglicanas en 1922, y desde 1973 existe una comisión doctrinal conjunta encargada del diálogo entre ambas iglesias. Desde 1931, estamos en comunión sacramental con la Iglesia Deuterocatólica, que se organizó a partir de 1870, cuando el Concilio Vaticano Primero promulgó como dogma de fe la infalibilidad papal. Esta relación se manifiesta visiblemente en la mutua participación eucarística, y en la inclusión de obispos de ambas iglesias en consagraciones episcopales. En 1968, establecimos el diálogo oficial con la Federación Luterana Mundial, y se han logrado acuerdos doctrinales muy importantes que han permitido que desde 1982, anglicanos y luteranos podamos compartir la eucaristía en circunstancias especiales. Desde 1979, estamos en diálogo con la Alianza Mundial de Iglesias Reformadas, y ya se han establecido los puntos de convergencia y divergencia, además de recomendaciones prácticas para crecer juntos hacia la unidad. La meta ecuménica del anglicanismo, es lograr la reconciliación visible de todos los cristianos, no en una organización eclesiástica centralizada, sino en una comunión que continúe. Donde exista una unidad esencial en la fe, libertad de opinión y discusión teológica, y de capacidad para aceptar y celebrar las legitimas diferencias que pueden y deben existir en el Pueblo de Dios. Donde exista un mutuo reconocimiento del ministerio cristiano, y la libertad para expresarlo y vivirlo en una forma plural que reconozca y acepte las varias formas en las que el Señor nos llama a servirlo. Cuando, por la Gracia de Dios, logremos esto, haremos realidad la oración de aquellos cuyo cuerpo fragmentado somos hoy. “Que todos sean Uno para que el mundo crea que Tú me has enviado.”

ALUMNO: Pareciera que la diferencia, concretamente con la Iglesia Católica Apostólica Romana, es justamente la intención de independencia en la Iglesia Anglicana. ¿En la liturgia, el credo, pero, concretamente cuáles son las diferencias?

CARLOS TOUCHÉ: Bueno, yo diría una cosa. En lo visible, no hay dos iglesias cristianas más parecidas que la Anglicana y la Católica Romana, pero en realidad yo diría que hay más similitudes externas que internas. Si ustedes entran a una iglesia anglicana, difícilmente se darían cuenta de que no es una iglesia católica romana, el arreglo del templo es el mismo, aunque somos menos dados uso de imágenes, aunque se usan. Pero las vestiduras, las tradición litúrgica es la misma. Algunas pistas los podrían alertar. Como ejemplo, nosotros tenemos la costumbre de, al terminar la celebración, nos paramos en la puerta, a saludar a los feligreses. Pero en algunos lugares, el sacerdote se para a saludar a los feligreses y al lado está su esposa y sus hijos. Y entonces alguien diría, “pues cómo es posible. Éstos no son católicos porque este padre está casado. Una de las principales diferencias con la Iglesia Católica es que tenemos un concepto distinto de autoridad, es una autoridad más participada y a la vez más difusa o más diluida, es decir, para nosotros, como anglicanos, no es tan fácil como lo es para los católicos romanos ante cualquier toma de decisiones doctrinal o de conducta, ir a un documento o ir a una persona que nos dice cómo hacer las cosas, o como deben ser. Para nosotros eso es mucho más difícil, puesto que no tenemos ese tipo de autoridad. La otra es en nuestra actitud en cuanto a la libertad personal, nosotros enfatizamos la libertad que Dios nos dio, libertad que podemos o no usamos mal, libertad que se puede convertir en un libertinaje, sí, pero es la libertad que Dios por ningún motivo quiere que nosotros dejemos de usar, y mucho menos, que la iglesia la anule o la retire. Nosotros decimos que la autoridad debe estar al servicio de la libertad, que la autoridad de la iglesia debe promover el conocimiento y el uso de la libertad debe ejercerse de una manera que no la anule ni la reprima. Esto significa que vemos la función de la Iglesia como una labor de formar, educar, de una manera responsable, para que sea la gente la que de una manera responsable conozca cuáles son las propuestas de Dios. Según nosotros, las personas deben tomar sus propias decisiones. No decidimos sobre otros, proponemos, ciertamente nosotros tenemos posiciones y preferencias, pero siempre damos una propuesta. No existe este concepto en que la iglesia dice, la iglesia ordena, la iglesia manda. La iglesia propone y tú eres el que dispone, en todos los aspectos de la vida, como ejemplo, en el matrimonio, nosotros no enseñamos que la procreación sea el fin primordial del matrimonio, creemos que es uno de los fines que puede darse o no según la libertad y el común acuerdo de una pareja, esto hace que nosotros no tengamos ningún tipo de regla que prohíba ningún medio de control natal. Para nosotros, por el contrario, la planeación familiar no sólo es un derecho, sino también es una responsabilidad, una obligación ante Dios, nosotros decimos en broma y en serio, que es cierto que Dios dijo crezcan, multiplíquense y llenen la tierra, mandamiento que ya cumplimos. La tierra ya está más que llena y por lo tanto ya el mandamiento se cumplió. Dicho de otro modo, mi obligación de estudiante es de estudiar pero cuando me gradúe, ya no tengo por qué seguir yendo a la misma escuela. Muchas veces se nos olvida eso y se nos olvida que un hijo, o los que se desee tener, debe ser siempre planeado para sea bienvenido. Nosotros no tenemos prohibición de los que se conocen como medios artificiales de planeación familiar, o de control natal, la pareja libremente escoge cómo planea su familia y escoge qué medios usa para no llegar a un embarazo si es que no lo desean.

Esto tiene repercusiones sobre situaciones contemporáneas, por ejemplo, nosotros no sólo no prohibimos sino que promovemos activamente el uso del condón, para evitar embarazos y evitar infecciones de transmisión sexual,

Yo diría que no hay ninguna discrepancia entre las posiciones morales de la iglesia católica romana y la iglesia anglicana , nuestras expectativas son las mismas, pero tenemos un distinto punto de partida, la iglesia católica romana, nosotros sentimos, que parte siempre de las cosas como deberían ser en el ideal, es lo ideal, pero precisamente es eso, ideal. Es decir que no podemos convertir la meta en el punto de partida, el punto de partida es siempre partir de donde estamos y de cómo somos. Nosotros tratamos de ser menos ambiciosos o quizás más realistas, y partimos de las cosas como son, probablemente las cosas no deberían ser como son, pero así son, y solamente podemos partir de la realidad.

Por el otro lado cuando tenemos trato pastoral con la gente, tratamos de evitar el pensar en conceptos si no en ver a la persona, por ejemplo, normalmente nosotros no estamos pensando en divorcio cuando estamos tratando con personas que lo han experimentado o que lo están contemplando, más bien tratamos de pensar en divorciados o en divorciados potenciales. No pensamos en drogadicción sino en drogadictos, no pensamos en prostitución si no en prostitutas, no pensamos en unión libre, sino en gente que la vive, no pensamos en homosexualidad sino en homosexuales. Tratamos de marcar la diferencia entre enfrentarnos a teorías y conceptos y lo que la gente está viviendo.

Jamás vendría un anglicano con su sacerdote y le diría: “padre tengo este problema dígame que hago”. La idea es “padre tengo este problema, ayúdeme a pensar, ayúdeme a encontrar una solución, ayúdeme a tomar una decisión, pero yo, feligrés, soy el que piensa, yo feligrés, soy el que decide”. La iglesia se mantiene en la convicción de que aún cuando la gente opta por algo distinto a lo que la iglesia propuso o sugirió, la persona sigue siendo miembro de la iglesia, la persona sigue siendo parte de la familia, y ese concepto de juicios, de excomuniones, de suspensiones, de disciplina, no existe entre nosotros

Tratamos de ver la iglesia como una familia y en una familia, todos tenemos la experiencia, hay de todo, pasa de todo, y no por eso nos vamos a excluir mutuamente. Por eso en la iglesia anglicana pueden convivir muchísimas personas con distintas posiciones teológicas y también con distintas posiciones ante la vida, y también con diversas situaciones que otros llamarían irregulares y nosotros no. Todos tienen pleno acceso a la vida de la iglesia, pleno acceso a los sacramentos y a todos los privilegios de la iglesia, es decir, nosotros decimos que Dios no tiene hijos e hijastros, que Dios no tiene hijos de primera, hijos de segunda, todos somos miembros de la familia.

En ese sentido es donde se encontrarían las principales diferencias con la Iglesia Católica Apostólica Romana, y son diferencias que no se ven, entonces son diferencias de actitudes en nuestro trato con la gente. Es por donde yo te puedo decir que están para mí las diferencias. Si nos casamos o no, o quien nos gobierna, son diferencias muy visibles pero son bastante secundarias. Lo que realmente constituye el núcleo de la diferencia es este concepto de autoridad y de cómo se aplica en su relación con la libertad de la persona. Nuestra manera de vivir, yo diría nuestra manera de adorar, como iglesia es muy semejante, pero nuestra iglesia es realmente diferente.

ALUMNO: La Biblia de la que habla es la misma versión de la de la Iglesia Católica.
C. TOUCHÉ: Sí habría que distinguir esto. Recuerden que la Biblia no es ni católica ni protestante. La Biblia para nosotros, como cristianos, es la palabra de Dios, más bien hablamos de versiones católicas y versiones protestantes de la Biblia. Sin embargo, las diferencias que hay en lo que se llaman Biblia católicas y Biblia protestantes, se encuentran en el Antiguo Testamento, no en el Nuevo. Y son diferencias que nos vienen del Judaísmo, que no surgió en el Cristianismo. En la iglesia decimos que a las Biblia católicas le sobran siete libros o que a las Biblia protestantes les faltan siete libros, son los famosos libros que los católicos llaman directorios canónicos o del segundo cano, y los protestantes llaman apócrifos. La pregunta es ¿los católicos romanos se los añadieron a la Biblia o los protestantes se los quitaron ? La respuesta es ni lo uno ni lo otro, lo que sucedió es que en el Judaísmo la Biblia obviamente estaba en hebreo y no contenía estos siete libros, estos siete libros fueron escritos originalmente en griego, mientras que los demás lo fueron en hebreo y pasaron a formar parte del Antiguo Testamento, pasaron a ser la primera traducción cuando se hizo del hebreo al griego para las comunidades de Alejandría Judías en las que no hablaban hebreo por entonces. Los Judíos resultaron con dos versiones de su Biblia que es lo que nosotros los cristianos llamamos Antiguo Testamento, la versión griega, la larga, que contenía estos siete libros que las versiones católicas contienen, y la versión hebrea, versión corta, que no los contenía. En los problemas del siglo XVI en la Reforma los católicos romanos votaron por la versión larga y los protestantes votaron por la versión corta. Entonces, si ustedes compran una Biblia publicada por católicos romanos va a contener estos siete libros adicionales y si compran una Biblia publicada por los protestantes no los va a contener, pero realmente ésa es la única diferencia. Pienso en cuanto a elegir una versión bíblica, que uno la elige con base en la finalidad que tiene, es decir, quiero una Biblia que sea sencilla fácil de entender y que sea fácil de leer para lectura devocional, o quiero una Biblia estudio. Yo diría que literariamente la mejor versión bíblica en español es protestante, la versión Reina Valiera, que viene del siglo XVI, del siglo de oro del español, en cuanto a lenguaje es inmejorable, ahora, leerla es una cosa y entenderla es otra.
ALUMNO: ¿estaba pensando en el ejemplo de las prostitutas y cómo es que lo abordan ustedes. Supongo que no hay un rechazo hay una aceptación. En la iglesia digamos católica las rechazan. Siguiendo lo que decías antes:¿cómo abordas con la idea y cómo lo abordas con el corazón, en el caso de la prostitución?

C. TOUCHÉ: Bueno la idea es ésta. Si tú me preguntas si Dios acepta la prostitución esa es la teoría, si tú me preguntas si Dios acepta a las prostitutas te digo que sí, y lo creo firmemente. Cuando estamos manejando conceptos es muy fácil llegar a posiciones, es decir, la aceptas o la rechazas. Pero cuando enfrente tienes a la persona que está viviendo esa situación o condición, es cuando te das cuenta que no te puedes limitar únicamente a los conceptos, porque estás tratando con seres humanos, que nosotros en teología cristiana decimos que son a imagen y semejanza de Dios. De una manera misteriosa que quizás yo no pueda explicar, esa prostituta es tan semejanza e imagen de Dios como la monja que está detrás de ella haciendo fila para la confesión, o esa persona que se casó y que está celebrando sus bodas de oro. Si es tan imagen y semejanza de Dios como todos, como el que se casó y se divorció al año, o como esa pareja que vive en unión libre y que no se han casado ni por la iglesia ni por el civil. Esa es la idea, en conceptos coincidimos la iglesia católica romana y nosotros, no al aborto, no al divorcio, no al nuevo matrimonio etc. Pero cuando estás frente a personas, te das cuenta de que los conceptos no valen ¿por qué? porque estás tratando con seres humanos, y es cuando tenemos que hacer una opción, y para nosotros es muy clara, aunque se nos critica mucho por esto, cuando nosotros tenemos que optar esperamos no tener que optar, pero cuando tenemos que optar entre preservar la ley y preservar la intimidad de la persona, preferimos la integridad de la persona, preferimos pisotear la ley si tu quieres, aún la ley de Dios, y que Dios nos perdone, que pisotear a la persona imagen y semejanza de Dios.